Cambios



(Déjenme poner un toque de humor en este, mi post, porque si no caemos en llantos que motivos no faltan).



Hoy es día de cambios en Italia: estrenan gobierno provisional. Más rápidos que los españoles, Italia se prepara para el cambio. Monti ha hablado y ha señalado con el índice a su grupo de seguidores en este nuevo gobierno.




¿Cómo se lo han tomado los italianos?, ¿lloran?, ¿ríen? Creo que los italianos son tan pasotas como los españoles. No sabemos hablar hasta que no tenemos hambre.



Aunque mi post ha empezado con Italia y esta buena-nueva noticia, el título “cambios” tiene como misión dar un toque a la Administración Pública Española y que se fijen en los cambios rápidos de otros países para aplicarlos en el suyo propio.



Os cuento la historia de esta España, tan sevillana y cada vez menos torera, y yo misma:



El día 20 de noviembre se vota, no porque lo diga yo o la prensa sino porque lo decidió así Zapatero y el día 20 de noviembre se vota. ¿Se vota? Más bien se podría votar. Votas si quieres y si no quieres no votas pero se debe poder votar. Esto es así, cumples 18 años te meten en una cosa llamada censo electoral y recibes cartas cuando hay elecciones y, de vez en cuando, te toca ir a las mesas electorales a echar la mañana y la tarde.



Voy más allá. Curiosamente, desde el año 1978 tenemos un librete llamado Constitución (como diría Goyo Jiménez: “para los de la LOGSE: eso por lo que el día 6 de Diciembre no se trabaja, ni se va al colegio”) que recoge en su artículo 23 el derecho al voto como derecho fundamental de las personas.

Todo suficientemente oscuro, ¿verdad?

Pues estoy en Italia y decido perder la mañana en el Consulado español en Milán para rellenar cinco papeles (típico plan que a todos nos gusta porque es rápido y eficaz) para solicitar mi voto por correo. Todo parece OK pero las papeletas electorales no llegan, no llegan, no llegan, no llegan y ya no van a llegar.

No van a llegar, chicos. No podré votar porque la administrativa decidió anular mi fax y no mandarlo al censo electoral. Un “error humano”. Hay que comprenderlo: no somos máquinas, cometemos errores (a veces insistimos en cometer varias veces el mismo error) y ya está. La solución más diplomática para Patricia es: anular su derecho al voto.

Asique chicos no podré votar. Y no estoy disgustada por el hecho de no mandar mi papeleta sin rumbo. Estoy disgustada porque no me dejan tener la oportunidad de decidir si voto o si no. ¡Me lo imponen! Esto es como cuando tu madre te dice no toques ahí y tocas. Pensadlo bien no tocamos porque tengamos interés en tocar, tocamos porque es una prohibición y el riesgo nos gusta. Por eso, yo quiero votar. Antes quizá no, pero ahora quiero más que nunca votar ¿y por qué? ¡Porque no puedo!

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Retos 1 y 3: ¡conseguidos!

Reto 2: pitsa, piksa, pitza, piiiiiiiiiiiiiiiiiii.... AAAAAAAAHHHHHHHH

Reto 4: Encontrar una tienda de chucherías

Reto 5: Hacerme mujer pesada y conseguir una respuesta del Estado formal

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